Mi respuesta de aquel 13 de junio fue:
“Mi vida está cargada de decisiones no tomadas, de palabras no dichas, de acciones no realizadas… que cargo como una suerte de medallas por batallas perdidas, como un talonario de pagarés impagos, como una pesada cadena de penitente. Entonces, creo que escribo para liberarme, para pagar las deudas que tengo conmigo mismo, recreando momentos y situaciones que me permitan volver a vivir mi historia”.
Este texto (que encontré de casualidad buscando otro archivo en mi disco duro) me ayudó a entender mejor esta experiencia inédita que vengo gestionando en estos últimos meses.
Resulta que al tratar con mi sicoterapeuta los temas, recuerdos, acontecimientos, temores, emociones -que venían desatando explosiones de ansiedad, depresión y/o llanto incontenible-, terminaba comentándole “… tengo la sensación de que esto ya lo he tratado en los relatos que suelo escribir … claro, de manera diferente y en un contexto de fantasía”.
Cuando ya pude volver a abrir mi laptop y leer con tranquilidad en la pantalla, encontré que, efectivamente, mis relatos abordaban varios de los temas que de alguna manera hacían referencia a las raíces de la ansiedad crónica que me diagnosticaron. Asuntos del pasado que no resolví adecuadamente y que deposité de manera indefinida en el inconsciente, sin volver a ellos. Hasta que cedió la vieja cerradura de la puerta del sótano, dejando en libertad desenfrenada a todos mis fantasmas y demonios.
Ahora me queda claro que estos episodios de mi vida permanecieron ahí como protuberantes cicatrices, como heridas que no terminaron de cerrar, dolores que no fueron aplacados, emociones que no recibieron la atención debida. Pero me alienta la certeza de que tengo aún el tiempo para explorar, entender, reconocer y valorar mi individualidad como parte y resultado de mi propia historia, de una familia, de un colectivo. Y proyectar de la mejor manera posible los años que vienen por delante. Tarea no tan fácil, pero que me entusiasma.
Ahora me queda claro que, en estos últimos años, mis relatos han venido cumpliendo un rol terapéutico, curativo, de contención emocional, importante, aunque insuficiente. No era su responsabilidad mantenerme sano, pero lo hicieron desinteresadamente, por largo tiempo.
Ahora que los releo, los aprecio más que antes.
W.M.P.
13/04/2026
Imagen: Jörg Schäfer. En: https://es.pinterest.com/gladiolator/